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¿TELETRABAJO O PRESENCIAL? ES LA NUEVA PREGUNTA

Nuestro país suele caracterizarse por ser de contrastes y extremos, olvidando el término medio para tomar las decisiones corporativas en cada momento.

Parece ser que, en muchas empresas, el trabajo presencial se ha convertido de nuevo en lo habitual, siendo el teletrabajo algo muy residual, para momentos puntuales y/o personas concretas.

Otras empresas siguen con los equipos burbuja, es decir, una semana trabajas en remoto y otra en tu oficina, siempre con las mismas personas, para evitar que, si hubiera que confinar un grupo, el otro pudiera sacar el trabajo adelante.

Hay quienes han dado la opción a las personas que pueden efectuar su trabajo en remoto, elegir desde donde quieren desempeñar su puesto de trabajo. Digamos que es una elección a la carta adaptada a las necesidades de cada persona. Algunas personas deciden teletrabajar de forma permanente, otras hacerlo de forma mixta y algunas prefieren trabajar desde la oficina. Depende de cómo se organice cada persona.

Hace poco me comentaba un amigo que en su empresa ya solo pueden teletrabajar los jefes, que “para eso son los que mandan”. El resto de personas tienen que trabajar de forma presencial sin opción a teletrabajo. Esto es una práctica inadecuada, en donde no se da ejemplo y se permite que los responsables tengan más privilegios.

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¿CÓMO CUIDAR TU MARCA CORPORATIVA CON GARANTÍA DE ÉXITO?

Todos hemos sido clientes, candidatos, usuarios o socios de empresas, entidades u organizaciones de diferentes tipos.

Imagínate que te encuentras en uno de estas situaciones:

Vas a una tienda especializada a comprar una lavadora y el empleado que te atiende no sabe darte la información entre los diferentes aparatos ni recomendarte ninguno que te ayude a tomar una decisión. Es más, te dice que no puede decirte más de lo que pone en la ficha técnica.
Tienes un problema con el producto, servicio o actividad comprada o contratada. Llamas para comunicarlo y que te den una solución. Resulta que te van pasando de un departamento a u otro y todas las personas de esa empresa con los que hablas te dicen, que ellos no lo llevan y que no pueden ayudarte.
Has participado en un proceso de selección de esa empresa para la que, a priori, encajas; te llaman para la primera prueba del proceso, te comentan que se te comunicará el estado final de tu candidatura, seas seleccionado o no. Pasan 4 meses y nunca más supiste de esa organización. Es más, llamaste en más de una ocasión y te dieron largas o te indicaron que aún se continuaba con el proceso de selección, que cuando acabase te comunicarían el resultado final.
Te has presentado a un proceso de selección de una empresa, vas pasando las siguientes cribas y al final te comunican que has sido el seleccionado. Durante el proceso te comentan que, en caso de ser elegido, tendrías un plan personalizado de comienzo, con un mentor asignado, con formación ajustada a tus necesidades y reuniones de seguimiento habituales. Llega el gran día. Te recibe recursos humanos y te dan el manual de bienvenida y te enseñan las instalaciones. Ese mismo día te llevan con tu jefe y compañeros, que te cuentan sin descanso algunas de tus tareas y te explican algunas de ellas. El segundo día ya te dejan solo y pretenden que te busques la vida. Es más, todo el mundo te dijo si necesitas algo nos dices.

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¿QUÉ HACES PARA MEJORAR TU CAPACIDAD DE ESCUCHA?

En épocas pasadas la gente tenía mucho cuidado de lo que decía y preferían estar en la retaguardia, sin manifestarse. Con los años, hemos ganado la libertad de expresión que es un gran derecho. No obstante, hay que tener un poco de tiento, y evitar decir lo primero que se nos pase por la cabeza. Debemos pensar dos veces lo que vamos a decir y analizar si eso que decimos aporta algo de interés y de valor a la conversación. Ojalá muchos aplicasen esta máxima en su día a día; si no tienes nada interesante que decir, mejor seguir callado. Parece que la gente tiene que saber de todo y opinar por ello, aunque no se le pregunte.

La gente que tiene éxito en la vida personal y profesional, suele tener como virtud la escucha activa, para obtener información que le pueda ayudar a posteriori. Algunas personas saben escuchar y almacenan esa información para luego estudiarla y proponer alternativas a sus necesidades.

El siglo XXI, con la llegada de la denominada “era de las nuevas tecnologías” ha puesto en peligro de extinción la escucha activa, que cada vez se estila menos. Nos invitan a hacer mucho ruido, pero, como dice el refrán, en muchas ocasiones, hay pocas nueces. Muchos hacen que están escuchando, cuando realmente no saben en absoluto lo que les está diciendo la otra parte y lo peor es que, además, les da igual. Vivimos en la época de la inmediatez y de las múltiples interacciones.

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¿CUÁL ES EL PRINCIPAL MOTIVO POR EL QUE QUIERES TRABAJAR EN OTRA EMPRESA O PROYECTO?

Se suele decir que la empresa necesita al candidato y viceversa. Parece que ambas partes están en igualdad de condiciones a la hora de elegir con libertad a la otra parte.

Tampoco es nuevo un concepto “ideal”: “Debemos disfrutar con lo que hacemos y trabaja en lo que realmente os gusta y apasiona”. Esto se remata con frases del estilo, “si trabajas en lo que te gusta ya no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. A pesar de disfrutar con tu trabajo, siempre surgen épocas en las que se te hace cuesta arriba y otras en la que surgen dudas y problemas. Está claro que estar a gusto con lo que haces lo hace más llevable que dedicarte a un trabajo que te aburre y detestas.

En general, se mira el global de la oferta de empleo, la promoción o la mejora profesional a la hora de elegirla o no. Está claro que el desarrollo profesional es muy importante pero no lo es todo.

Por muy buena que sea la empresa, muy interesante el proyecto, grandes posibilidades de formación y una oportunidad única de demostrar tu potencial, también es necesario conocer la remuneración que uno va a percibir.

Realidad o ficción

Cuando uno opta a un nuevo empleo y/o proyecto, los entrevistadores de la empresa suelen preguntar cuánto cobra uno y cuánto le gustaría cobrar. Eso sí, ellos no dicen nada de cuánto están dispuestos a pagar.

La empresa suele exigir una extensa lista de requisitos concretos relativos a conocimientos, experiencia y competencias. ¿Son todos realmente necesarios? Sorprendentemente, no. Debe existir siempre un equilibrio entre lo que se pide a la persona que ocupará ese puesto de trabajo y las condiciones económicas que se le ofrecen a cambio. Quizás debamos empezar a remunerar por resultados obtenidos y no por tiempo de trabajo invertido.

Las empresas deben ser más transparentes en lo que se refiere al salario ofrecido. Otros países, al ofertar un puesto, indican ya una franja salarial en la misma oferta. Así, el que está interesado por la oferta, no tiene por qué pasar por un largo proceso si las condiciones no le cuadran. También es un ahorro para la empresa, que entrevista a aquellos que realmente están interesados.

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ESTOY FIJO Y TENGO TRABAJO PARA TODA LA VIDA

Recuerdo que hace 20 o 30 años cualquier electrodoméstico te duraba toda la vida; es más, muchas veces los cambiaban las familias por mejorar lo que tenían, aunque el viejo electrodoméstico seguía funcionando. Esas televisiones grandes que ocupaban un montón y duraban más, con la UHF y VHF como las dos teclas para apretar y cambiar de canal, esas primeras televisiones de color, que viví en mi infancia y era todo un espectáculo en tu comunidad; muy pocos disponían de televisores de color en los primeros tiempos. 

Pero la vida cambió, cuando estos electrodomésticos ya no se fabricaban para durar toda una vida, sino que se empezó a aplicar la obsolescencia programada (vida util de un aparato); el cambio de estos aparatos no se suele hacer ya por acceder a nuevas funcionalidades, sino que se estropean rápidamente, y el arreglo es más caro que comprarse la versión actualizada. Estamos inmersos en una sociedad consumista, donde se necesita que se consuma constantemente y queramos cambiar al último modelo incluso antes del tiempo en el que se estropearían.

Lo malo es que no es algo que se haya quedado en el ámbito textil o de electrodomésticos. Estamos en la época del cambio constante que llegó con el siglo XXI, aunque se venía fraguando de forma silenciosa desde hace tiempo. En el ámbito profesional, estábamos acostumbrados a que las cosas perdurarán de por vida. Sobre todo, los conocimientos, las formas de hacer las cosas, las tareas de los puestos de trabajo y las necesidades de los clientes de un producto o servicio. Si alguna persona cliente necesitaba algo diferente, le miraban con cara rara, diciendo “eso no lo tenemos”, extrañados incluso. Cuando han ido surgiendo nuevos segmentos o tendencias que hacían vislumbrar que ese sector o actividad, debería dar un giro de 180º hacia esa nueva innovación o tendencia. Los que no supieron o no quisieron verlo, por lo general, su empresa o proyecto desapareció, porque miraron a otro lado y no quisieron cambiar; pensaban que el mercado y el cliente se adaptaría a su empresa, cuando esto nunca ocurre. La fidelidad a la empresa y a sus servicios cada vez es más complicada.

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