
Eres libre de cambiar de opinión, aunque debes asumir las consecuencias.
Está claro que vivimos en el mercado de la oferta y la demanda. Cada persona debemos mirar por nuestros intereses, porque si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará. Muchas veces veo cómo muchas personas se despreocupan de su desarrollo, esperando que otros se acuerden de ellas para que crezcan profesionalmente dentro de una organización. Si llevas años en una empresa y siempre se te escapan los ascensos porque a otras personas les encajan más, pues debes comenzar a despertar y ver la realidad. Conozco a personas muy comprometidas en su organización, lo único es que solo se acuerdan de ellas para los marrones o para mandarles más curro; eso sí, lo bueno se lo lleva otra gente, que luego desaparece ante los marrones corporativos. Además, uno se da cuenta de lo importante que es para su empresa no tanto en los éxitos, sino en los fracasos y situaciones difíciles: ahí se ve la verdadera cara de la gente.
Imagínate que estás organizando un congreso, dejáis cerrada la agenda de ponentes con tiempo. El cabeza de cartel acepta tu propuesta y se agenda la fecha y la hora. Resulta que, 23 días antes del evento, te llama para decirte que ya no podrá dar esa conferencia porque le ha salido otro compromiso profesional ineludible (vamos, que le pagan más en otro sitio). Lógicamente, cabe la posibilidad de encontrar una persona que la sustituya, porque siempre tienes reserva de los que poder tirar, ya que este tipo de circunstancias pasan más de lo que se cuenta. Lo único es que, antes que nada, toca ser profesional y formal. Ya lo decía mi abuela con un refrán que viene muy bien para esto: no se puede estar en misa y repicando. No podemos estar en dos sitios a la vez, y si ya hemos dado nuestra palabra, pues deberíamos cumplirla, y más cuando queda poco plazo. Aunque ya cada persona con su escala de valores. Cada vez importa menos quedar bien; lo único es que la gente a la que dejas colgada tiene memoria, y si lo haces una vez, lo probable es que lo hagas otra vez, sobre todo cuando no recibes consecuencias por tus acciones.
Está claro que esa persona está en su derecho de hacer esto, lo único es que a mí no se me olvida: la sitúo ya en su lugar. Esa persona sigue siendo un gran profesional, lo único es que es una persona con un bajo compromiso y que no es confiable, porque se mueve en parámetros mercenarios. Es respetable, lo único es que esa gente al final te hace quedar mal. Debemos ser personas de palabra y, para que puedan confiar en nosotros, nos tenemos que ganar esa confianza. Esto se demuestra con nuestras acciones y no con nuestras palabras. No es que no cuentes ya con esa persona, sin embargo, ya la tienes en cuarentena, porque sabes que te puede dejar tirado sin dudarlo. Entonces esa persona ya no estará entre mis prioridades, y si la propongo, contaré su modus operandi para que, si alguien queda mal, sea ella y no los que la proponen.
Por supuesto que uno puede cambiar de opinión. Imagínate que estás participando en dos procesos de selección a la vez. Te interesa más uno que otro, lo has podido comentar en ambos procesos. Te llaman un lunes para ofrecerte el que menos te interesa y lo aceptas. Al día siguiente te llaman del otro y te surge el dilema. Debes hacer lo que te pida el cuerpo y aceptar el que más te encaje, aunque esto lo considero diferente a lo que comentaba previamente. Aquí, aunque no has firmado nada, solo has aceptado algo que necesitabas.

Uno debe asegurarse de lo que hace. Conozco gente que ha comunicado que deja su trabajo porque le han llamado para comunicarle que la han seleccionado para otro trabajo, e inmediatamente presenta su renuncia en su trabajo actual. Luego, a la vuelta de dos días, la empresa que le iba a contratar le llama y le dice que, al final, no cuentan con ella porque se paraliza la contratación para más adelante. Esta organización ya te está diciendo con esto cómo es. Por lo tanto, en algunas situaciones debes protegerte para evitar sorpresas negativas. En este caso no debes presentar la carta de renuncia hasta que no tengas un precontrato con la oferta que te hace esa empresa, en donde se recoja toda la información y la fecha en la que comenzará esa nueva relación laboral, porque ya les has informado del preaviso que debes dar en tu trabajo actual.
Cada vez más se ha perdido el respeto a la palabra. Antes tenía mucho valor y ahora ya ninguno. A mí no me vale lo que me digas; lo que me va a convencer o no es tu palabra, sino tus acciones que me demuestren que lo que dices es verdad. Muchas veces la confianza se genera con estas cosas. Cuando, en mi caso, tengo afinidad profesional con alguien y me apetece hacer cosas con esa persona, comienzo por pequeñas cosas para ir viendo su involucración, palabra, compromiso y actitud. Esto no tiene nada que ver con ir ocupado o no. Si quieres hacer algo, al final sacas el tiempo como sea, o desde el principio dices que no puedes involucrarte. Al final es cuestión de elecciones de cada uno, y no debemos dar prioridad a la persona para la que somos un aperitivo y no nos trata como un plato principal.
Además, toca más ponerse en el lugar del prójimo, no solo decirlo sino hacerlo. Está claro que a todos nos importan nuestras cosas, aunque en muchas ocasiones nos toca mirar a nuestro alrededor para ver la realidad de otras personas que lo pueden estar pasando mal. Muchas veces el que te vaya bien o mal no solo es cuestión de tus decisiones, es decir, influyen otros factores no controlables. Va bien no solo mirar en tu decisión o cambio de la misma; esto supone ver las consecuencias que conlleva para la otra parte, viendo cómo puedes compensarla o ayudarla. Algo no es malo solo cuando te lo hacen a ti; es igual de malo cuando lo haces tú a otra persona. Lo digo porque solemos tener diferente vara de medir, y debería ser la misma.
Por tanto, debes medirte bien las fuerzas antes de comprometerte a cosas que te propongan como escribir un libro, organizar un congreso, montar una asociación o lo que sea. De primeras suena muy guay, lo único es que luego tienes que invertir tiempo y, por ende, currar, porque has dado tu palabra. Si tienes dudas o no tienes tiempo, recházalo desde el principio, porque esto te hace quedar mal. De cara a la galería suena muy guay, aunque luego no llevas idea de hacer nada. Cada uno tendrá sus intereses para participar en cada proyecto, y lo mejor es ser honesto, explicar cuáles son tus razones para participar; es una forma de ser sincero y todo es compatible.
Lo dicho: está muy bien cambiar de opinión, aunque debes asumir las consecuencias. Está bien que quieras que los demás se acuerden de ti para proyectos, lo único es cuánto te acuerdas tú de esa persona para proyectos que organizas y en los que cuentas con otros profesionales. Además, es lógico que, si dejaste a alguien tirado, ya no cuente contigo, a no ser que le demuestres realmente que ya eres otra persona. Lo único es que esto no basta con decirlo; te tocará demostrarlo, y para ello se precisa algo más que un simple “lo siento”.
Recuerdo hace años cuando me quedé sin trabajo, que fue un gran filtro para colocar a cada persona en su lugar correcto. Gente de la que esperaba mucho no movió un dedo y otra gente, que a priori no contaba con ella, me ayudó un montón. Luego algunas personas que siempre han estado ahí me demostraron por qué forman parte de mi núcleo duro. Está claro que ninguna de esas personas tenía obligación ni de estar ahí ni de ayudarme. Con el tiempo, mi situación mejoró y la de otras de esas personas empeoró: es la vida. Pues recuerdo un par de esas personas que no me ayudaron nada, ni siquiera estuvieron ahí, que se quedaron ellas sin trabajo y me pidieron ayuda. Les escuché, lo único es que les di la prioridad que merecían, es decir, las puse al final de las cosas a hacer, porque eso era importante para ellas, no para mí. Al final, el tiempo de cada uno de nosotros es finito y debemos dedicárselo a las personas que lo sepan valorar, y estas son aquellas que están siempre ahí y no solo aparecen cuando necesitan algo de ti. La vida son decisiones y elecciones constantes; incluso cuando no decimos ni sí ni no, estamos decidiendo. Está claro que no puedes solo ayudar pensando que en un futuro te ayudarán a ti, porque entonces no haríamos nunca nada. Está claro que ayudar no solo es darte una solución a tu problema; para mí es más importante que estén ahí dándote su apoyo, a pesar de que igual no puedan darte una solución, aunque eso ya es mucho en bastantes circunstancias.

Conozco personas que solo se pueden enfadar ellas; sin embargo, tú no tienes derecho a enfadarte o sentirte decepcionado. Lo que está claro es que una cosa es cómo nos gustaría que fuesen los demás y otra cómo son realmente. Muchas veces idealizamos a la gente y nos gustaría que se comportasen de una forma que jamás lo harán, porque no son así. Por lo tanto, va bien hablar mucho con la gente para conocerla bien y, al final, nos toca aceptar a cada persona tal y como es. No podemos solo ver las miserias de los demás e ignorar las nuestras, porque todos tenemos nuestras cositas. Lo que tienes que analizar es qué te aporta esa persona a tu vida y ver si te merece la pena seguir compartiendo cosas con ella. Algunas personas nos sobran y estamos con ellas por sentirnos acompañados, cuando en el fondo nos hacen sentirnos muy solos y vacíos. La gente que merece la pena te permite ser tú mismo sin tener que interpretar papeles de ningún tipo.
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