Se suele decir que la empresa necesita al candidato y viceversa. Parece que ambas partes están en igualdad de condiciones a la hora de elegir con libertad a la otra parte.

Tampoco es nuevo un concepto “ideal”: “Debemos disfrutar con lo que hacemos y trabaja en lo que realmente os gusta y apasiona”. Esto se remata con frases del estilo, “si trabajas en lo que te gusta ya no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. A pesar de disfrutar con tu trabajo, siempre surgen épocas en las que se te hace cuesta arriba y otras en la que surgen dudas y problemas. Está claro que estar a gusto con lo que haces lo hace más llevable que dedicarte a un trabajo que te aburre y detestas.

En general, se mira el global de la oferta de empleo, la promoción o la mejora profesional a la hora de elegirla o no. Está claro que el desarrollo profesional es muy importante pero no lo es todo.

Por muy buena que sea la empresa, muy interesante el proyecto, grandes posibilidades de formación y una oportunidad única de demostrar tu potencial, también es necesario conocer la remuneración que uno va a percibir.

Realidad o ficción

Cuando uno opta a un nuevo empleo y/o proyecto, los entrevistadores de la empresa suelen preguntar cuánto cobra uno y cuánto le gustaría cobrar. Eso sí, ellos no dicen nada de cuánto están dispuestos a pagar.

La empresa suele exigir una extensa lista de requisitos concretos relativos a conocimientos, experiencia y competencias. ¿Son todos realmente necesarios? Sorprendentemente, no. Debe existir siempre un equilibrio entre lo que se pide a la persona que ocupará ese puesto de trabajo y las condiciones económicas que se le ofrecen a cambio. Quizás debamos empezar a remunerar por resultados obtenidos y no por tiempo de trabajo invertido.

Las empresas deben ser más transparentes en lo que se refiere al salario ofrecido. Otros países, al ofertar un puesto, indican ya una franja salarial en la misma oferta. Así, el que está interesado por la oferta, no tiene por qué pasar por un largo proceso si las condiciones no le cuadran. También es un ahorro para la empresa, que entrevista a aquellos que realmente están interesados.

Cuando surge una nueva vacante, la empresa sabe las bandas salariales para cada rol. Es decir, se conoce un mínimo y un máximo, que el departamento de selección negociará con cada candidato. En otras ocasiones la empresa tiene ajustado un salario bruto al año y no existe ningún margen de negociación. El decir “se remunerará en función de la valía del candidato”, eso no dice nada. Soy partidario de incluir una franja salarial en la oferta para, como se hace en otros países, ser más efectivos en el proceso de selección.

Prioridades para cada persona

Si eres una persona que busca un nuevo empleo y/o que quiere cambiar de proyecto profesional, debes lanzarte la siguiente cuestión: ¿Qué tres cosas son más importantes para ti de cara a aceptar la oferta laboral?

Imaginemos que, para nosotros, lo más importante por orden de prioridad es: aprendizaje, flexibilidad horaria y desarrollo profesional. En el caso de María puede ser: salario, horario y ambiente de trabajo. Para más gente el salario no es lo más importante, siempre y cuando esté dentro de lo razonable para ese puesto.

Para marcarnos unos mínimos de salario deberíamos empezar por determinar de forma concreta qué gastos fijos tenemos mensualmente, cuáles de esos gastos son superfluos y podríamos prescindir de ellos, qué gastos son prioritarios e inevitables para ti.

Es decir, si tus gastos fijos de forma anual, suman, 13.000, 15.000 o 30.000 euros, necesitas al menos ganar eso, para no tener pérdidas y poder llevar un nivel de vida adecuado. No obstante, esa expectativa de salario tiene que ser realista. Si nuestros gastos superan lo que se paga por el puesto al que podemos acceder por formación, experiencia y demás factores, quizás tengamos que replantearnos nuestros gastos.

De dónde partes

El siguiente paso es analizar cuál es tu situación laboral actual. No es lo mismo que estés trabajando que no tengas trabajo y se te hayan acabado tus ingresos percibidos de la prestación o el subsidio que te correspondiese. Tienes más margen si llevas 7 años trabajando en tu empresa actual y las cosas van bien a priori, es decir, que no se prevé tu salida. Cambia que estés trabajando, aunque sabes que en 4 meses estarás sin trabajo, porque es algo temporal o porque la empresa no pasa por su mejor momento.

Si no tienes trabajo, no te obsesiones con volver a cobrar lo que cobrabas en tu último proyecto, porque eso suele atormentar. Ahora tu salario es lo que cobres de prestación o subsidio, incluyendo la indemnización recibida; eso te puede servir de remanente para mantenerte más tiempo inactivo a nivel laboral. Pero no pierdas el tiempo y ponte activamente a buscar opciones para volver al mercado laboral.

En el caso contrario, de tener trabajo, pero buscas o necesitas un cambio, debes responder a esta pregunta: ¿Cuál es el principal motivo por el que quieres trabajar en otra empresa o proyecto? No es lo mismo que te vayas escapando de tu jefe, que, por cobrar más, que por ocupar un puesto de más responsabilidad. Eso hace que el salario sea más importante o menos.

Cuando uno decide cambiar debe apuntar en una lista qué cosas positivas y qué cosas mejorables tenía su último trabajo. Luego debes plasmar por escrito qué le pides a ese nuevo empleo para aceptarlo. Así, podrás asegurarte de que lo cumple, antes de dar tu OK.

Rol en el que trabajar y ciudad en la que quieres trabajar

También es bueno definir muy bien qué rol se quiere ocupar. No es lo mismo buscar empleo de auxiliar administrativo/a que de director/a general de una empresa. Esto ayuda a buscar las bandas salariales disponibles en estudios anuales de consultoras de recursos humanos, qué salarios están previstos de forma aproximada por puesto o rol. También influye en qué localidad, provincia o país busques empleo o quieras trabajar. Trabajar de técnico comercial en Cuenca o en Madrid será distinto, ya que los costes de vida de esas dos ciudades son muy diferentes.

Por último, debemos tener en cuenta de qué situación partes con respecto al rol que quieres ocupar. No es lo mismo tener ya experiencia en esa posición que comenzar de nuevo y buscar tu primera oportunidad. Debemos ajustar nuestras pretensiones a lo que nosotros ofrecemos y aportamos a la empresa. No es muy lógico que una persona junior que no tiene experiencia en un puesto de trabajo, quiera cobrar como alguien que aporta experiencia; tiene mucho camino que recorrer y muchas cosas que aprender. En el mismo caso no tiene ningún sentido que una empresa para un puesto de responsable de departamento con 5 años de experiencia ofrezca un salario de 18.000 euros brutos.

Claves de un aumento salarial

Si ya estás trabajando y quieres solicitar un aumento salarial, busca argumentos objetivos que justifiquen esa solicitud. No es bueno comenzar vuestra argumentación diciendo que hace dos años que no te han subido tu salario. No caigas en el error de compararte con otros compañeros, es decir, basar tus motivos en que otros compañeros que ocupan tu mismo puesto cobran más que tú; no suele ayudar.

Es aconsejar escribir esos argumentos pedir un aumento salarial sin olvidar: vuestros logros, resultados obtenidos, dificultades superadas, proyecto ejecutados, etc. Debes detallarlos lo máximo posible y concretarlos mucho.

Un ejemplo, aumento de mi cartera de clientes en un 20% en el último año, nombrando esos nuevos clientes. Otro ejemplo, aumento de mi facturación en un 35% cuando mi objetivo estaba en un 10% de aumento anual.

Aquí no debéis ser humildes y no esperéis a que vuestra empresa se acuerde de ti. Si no te sabes valorar, nadie lo hará por ti.

También es importante elegir el momento adecuado para solicitar ese aumento salarial a tu responsable o a tu empresa. Es bueno ir preparando el terreno y elegir un día adecuado, además de un momento en el que la situación económica y productiva de la compañía sea buena. Si lo pide cuando tu empresa está en ERE o ERTE, lo más lógico es que recibas un no y a veces de mala manera.

Si a pesar de argumentarlo, recibís una negativa, puedes intentar negociar y si aun así te dicen que ahora no es el momento, debes sopesar si te merece la pena continuar en esa empresa y/o proyecto o, por el contrario, es buen momento para buscar alternativas. Debéis creer en vuestras posibilidades, nadie mejor que uno mismo para saber lo que merece de forma objetiva.

Eres libre de decidir si un empleo te encaja o no; si no te convence, es preferible rechazarla que incorporarte a medio gas.

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