El comportamiento. Siempre se quiere hace lo mejor, lo establecido, lo correcto. Miles de artículos versan sobre cómo comportarse en un proceso de selección, sobre qué indumentaria es más adecuada llevar, sobre qué debes preguntar en esa entrevista, qué aspectos evitar, cómo contar tu experiencia… El objetivo es mostrarse como el candidato modelo o perfecto.

Si esto fuera una realidad, seleccionaríamos a clones. ¿Es eso lo que realmente se quiere?

Echo de menos autenticidad, naturalidad y energía en los procesos de selección por parte de los candidatos y de los reclutadores. Soy de la opinión de que se debe transmitir ganas y notar que se tiene esa chipa en los ojos de quererse comer el mundo, de querer aportar todo lo que uno pueda a la empresa. Al final tanto los candidatos como los reclutadores están muy contenidos, cumpliendo con los protocolos de su rol. Es muy complicado destacar así; no somos nosotros mismos.

No estoy llamando a la rebelión, ni lo más mínimo, pero sí que es cierto que un poco de naturalidad, pese a lo que diga el “protocolo” de entrevistas, debería ser valorado positivamente. Porque no olvidemos que, el puesto al que vamos, va a exigirnos ser lo más naturales posibles.

Ante todo, se debe usar en los procesos de selección y en las entrevistas de trabajo el sentido común sin olvidar qué queremos conseguir, cuál es nuestro papel, qué podemos hacer para destacar y cómo podemos marcar la diferencia. No dudes en preguntar aquello que necesites saber y que aporte valor a tu rol de candidato. La perfección no existe. Una entrevista de trabajo es una conversación en donde las dos partes quieren conseguir algo; la empresa al candidato que mejor encaje con el perfil solicitado y el candidato ese empleo en la organización. A las dos partes les falta mucha información. Y eso es una entrevista. Es la búsqueda de la información que falta y la “respuesta” a las necesidades de la empresa. Ambas deberían ir en la misma línea.

Tanto la empresa como el candidato deben estar convencidos de lo que hacen. La empresa empieza la “carrera” pensando que tiene el poder, pero el candidato tiene que ser el que cruce la línea de meta, eligiendo o no, incorporarse a la empresa. Lo que se exige y lo que se ofrece a cambio por ambas partes debe ser equivalente.  Si la empresa quiere un candidato preparado y top, también tiene que estar dispuesto a reconocer su valor con las condiciones ofrecidas a cambio. Al final, se trata de conseguir que la empresa y el candidato encajen. Si no cumplimos las expectativas del candidato, es posible que se incorpore, aunque posiblemente sea de forma temporal, pues claramente, cualquier detalle que no le encaje del todo, le hará seguir adelante con sus procesos de búsqueda.

En las entrevistas de trabajo por ambas partes debe existir más sinceridad y poner las cartas encima de la mesa. Si, por el contrario, se finge perfección, ese candidato se incorporará a la empresa pero escapará si lo que ve no es lo que se le dijo. De la misma forma, el candidato que exagere su potencial, será “cazado” en el día a día y no pasará el período de prueba.

Hay quien tiene cierta chispa que atrae a la hora de hablar. No es decir tonterías, sino mostrar todo el talento que uno tiene, de tener ese brillo de conseguir esa oportunidad, de demostrar el interés real en esa empresa y de luchar por demostrar que es el candidato que buscan. La chispa en los seleccionadores se demuestra por dar una oportunidad a todos los entrevistados, sin juzgarles, por querer conocer su potencial, por comprender a esa persona y ver si encaja en lo que se precisa. Cuando entrevistas a personas te das cuenta que cada vez esa chispa falta en muchos de ellos, esto no tiene nada que ver con tener talento y preparación. Se trata de demostrar ganas por esa posición. En los reclutadores también falta esa chipa por el candidato y su talento. Tratan a los candidatos como meros recursos, sin pararse a tratar a esa persona y quedarse con ella. Igual ahora no es tu candidato, sin embargo, en el futuro lo puede ser. Entonces intenta conocer el potencial de cada una de las personas que entrevistas para que te demuestren todo tu potencial.

El ser políticamente incorrecto no tiene que ver con ser maleducado, grosero o soez. Tiene relación directa con mostrar tu potencial con autenticidad, estilo, profesionalidad, creatividad y sinceridad. Se trata de que la empresa exija a ese candidato que demuestre su potencial y que este pueda averiguar que esa es la organización adecuada para desarrollar su carrera profesional.

La entrevista es una carrera de seducción y como cualquier pareja, si tras la euforia inicial, la relación no fluye, se separan ambas partes.

¿Cuántas veces has aceptado una oferta de empleo que sabías que a priori no era para ti? Está claro que las circunstancias son lo primero y, antes que nada, se debe vivir. Lo único es lanzarte la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces te has arrepentido de esa decisión? Está claro que uno sopesa todo. En una ocasión, acepté un empleo que sabía que no me encajaría, no fue lo más adecuado pero en aquel momento no pensaba lo mismo. Me quedo con lo positivo: Fue una experiencia de la que aprendí.

Pero las empresas también caen en este error. A veces, seleccionan al candidato que mejor les encaja aunque no sea el óptimo, uno que les genera dudas y que saben que no terminará de encajar por diferentes razones. Pero necesitan cubrir esa vacante y al final prima más eso que buscar a la persona correcta.

Yo diría que es imposible conseguir el candidato ideal y la empresa perfecta. Al final se trata de conseguir ver el potencial de la persona y/o de la compañía, guiándote por la intuición y por la energía que te transmiten sus palabras.

Al final en una entrevista hay que demostrar la capacidad de sorprender, impresionar y encajar. No es tanto l0 que uno cuenta sino como lo cuenta, la energía que pone en ello, el “buen rollo” que transmite. Esto los candidatos lo omiten porque muchos gurús de la selección les indican que es inadecuado.

Las empresas también tienen que saber encandilar al candidato con veracidad. En ocasiones, es mejor reconocer las carencias de esa empresa, contando la realidad objetiva existente, con independencia de que se lleve idea de mejorar.

Soy firme defensor de que uno ha de ser uno mismo y vender realidad a pesar de que no le guste a todo el mundo. Soy de la opinión de que es preferible ver a candidatos que nos dejen huella y empresas que le impresionen por el trato dado, los proyectos desarrollados y el talento existente allí. Cada uno somos libres de mostrarnos como queramos, pero hay que ser conscientes de que, al final, todo se sabe y no por esconder ciertos temas, no existen.

Cuéntanos sobre tu carrera de búsqueda de candidatos o de búsqueda de empleo. ¿Habéis percibido esa chispa especial en algún candidato o empresa?

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