Hace tiempo que tenemos claro que el “café para todos” no funciona en las políticas de gestión de personas en las organizaciones. Normalmente, las cúpulas directivas tienden a pensar que cuando sus personas necesiten algo ya acudirán al departamento de gestión de personas. Lo único es que para que esto ocurra las personas que trabajan en una empresa deben percibir esto con hechos, acciones y realidades. Los departamentos de gestión de personas viven de espaldas a sus personas, por desgracia, más de lo que nos gustaría.

Un buen departamento de gestión de personas debe estar abierto para sus personas. Esto supone relacionarse con todas los que integran esa organización, charlar con todo el personal, preocuparse por cómo están, por sus necesidades, expectativas y problemas. Eso sí, esto tiene que ser algo natural, que se prolongue en el tiempo. No puede ser que una empresa solo se preocupe de sus personas durante el período de prueba y luego ya desaparezcan.

Los departamentos de gestión de personas deben buscar aliados y facilitadores entre las personas que ya forman parte de esa empresa, con independencia del rol que ocupen. Estaría bien que, cuando una persona nueva comienza en una empresa, se le asignase una persona interna que le hiciese de guía y acompañante durante un período lógico, que le ayudase a integrarse. Esto hace que la acogida sea más buena y real. Esta persona se encargaría de preocuparse cómo esta esa nueva persona que se le asigna, estando así, en comunicación habitual con su departamento de personal. Esas personas deberían tener flexibilidad durante ese período para dedicar tiempo al nuevo integrante. Esto genera un buen ambiente y ayuda a que las personas se comprometan. Estos facilitadores seguirán haciendo su trabajo, aunque con cierta flexibilidad. Aún es muy triste comenzar en una empresa en dónde te presentan a todos de golpe (o incluso no se te presenta a nadie) y te dejan que tengas que buscarte la vida. Esto tipo de empresas ya te dicen que no es el mejor lugar para trabajar ahí. Una persona recién llegada necesita tiempo de adaptación y asimilación.

Las empresas deben tener contemplados los protocolos de funcionamiento de los diferentes departamentos, en donde estén previstos los tiempos, las tareas y la persona que se encargará de integrar a un nuevo trabajador. La clave es que, con el tiempo, todo el mundo sepa realizar todas las tareas y esté todo explicado para que, si surgen imprevistos, otra persona sea capaz de hacerlo. Muchas personas se creen imprescindibles a costa de no dejar nada plasmado por escrito. Una organización no debe permitir esto.

Los departamentos de gestión de personas deben contar con sus personas en la puesta en marcha de nuevos procesos, políticas y cosas que les incumban. Esto no consiste en preguntarles sobre algo varios días antes de implementarse, cuando ya no es factible introducir cambios. Este tipo de actuaciones alejarán aún más a los integrantes de la empresa. Las personas necesitan percibir que son importantes para su entidad de forma permanente. Tenéis delante de vosotros la clave por la cual no participan. Las personas necesitan saber para qué precisáis su opinión y conocer el proceso posterior, es decir, para que servirá eso o, mejor dicho, qué cambiará. Necesitamos ganarnos su confianza con realidad.

No podemos olvidar que los mejores vendedores de una empresa son sus personas. Si no están contentos, imaginaros qué venta realizarán al exterior de vuestra compañía. Es por ello que, para empezar, debéis de averiguar cómo de satisfechas o descontentas están vuestros integrantes dentro de la empresa. Sin tener datos, no podréis cambiar nada.

Por otra parte, una empresa debe tener identificado el talento que tiene ya con ellos. Esto conlleva tener identificadas las competencias, conocimientos y aptitudes de cada una de sus personas. No sería la primera vez que una empresa busca fuera talento que desconoce que ya tiene alguna persona que está trabajando con ellos. Es por ello que las empresas deben saber el potencial de cada persona a pesar de que en su puesto actual no utilice todas sus virtudes o competencias. Esto se soluciona dialogando con cada una de ellos y, a posteriori, integrar eso en una base de datos que nos ayude a realizar búsquedas inteligentes. Charlando, uno acaba conociendo a sus personas y le quedan claras sus necesidades y expectativas.

El departamento de gestión de personas debe asegurase de qué todos reciben un feedback habitual del trabajo que desempeñan por parte de sus responsables y compañeros. Cada uno necesita escuchar lo que hace bien y qué aspectos debe mejorar, aunque para esto último a veces también necesita ayuda interna para conseguirlo. Esto ayuda a que las personas crezcan en el ámbito profesional. No puede ser que a una persona solo se le evalué una vez al año, sin importar lo que hace durante el resto del tiempo.

Cada persona tiene unas circunstanciales vitales, personales y familiares. Las personas no piden trabajar menos, sino que sus empresas se adapten a sus necesidades, problemas o situaciones. Uno no necesita flexibilidad siempre, sino que lo que busca es tenerla cuando lo requiera. Si cada persona conoce sus objetivos, plazos y tareas encomendadas, es fácil permitirle organizarse como mejor le vaya, con la idea de permitirles conciliar su vida. Esto consigue que tengamos personas más comprometidas.

Si vuestra empresa tiene problemas técnicos u organizativos o necesita ideas nuevas para algún proceso, política o producto, ¿Por qué no permitís que sean vuestros trabajadores los que os puedan ayudar? Todo comienza por preguntarles y hacerles partícipes de ese proceso. Permitamos que las personas con buenas ideas puedan desarrollarlas dentro de la organización.

Debéis valorar vuestro talento y buscar objetividad y justicia para que cada persona perciba lo que merece en relación con lo que aporta. No puede ser que todos cobren lo mismo con independencia de lo que aporten, hagan o produzcan de forma objetiva. Esto, al final, consigue desmotivar al que aporta. No puede ser que al más trabajador se le premie con más trabajo.

Si vuestra empresa quiere que la comunicación fluya debe tener herramientas y canales para permitir que la información circule y llegue a todos los interesados. Para que la gente se comunique, se le debe dar la confianza para que pueda hacerlo. Si una persona plantea una queja o problema y recibe indiferencia, no volverá a plantear nada. En muchas organizaciones percibes que no se lleva bien que se diga lo que otros no quieren escuchar. Las políticas comunicativas que funcionan es donde existe libertad para decir lo que uno quiera o necesite, siempre con respeto.

Las empresas deben potenciar que sus personas se formen para avanzar, mejorar y desarrollar todo su potencial. Tienen que existir planes formativos a corto, medio y largo plazo. Si nuestras personas no están preparadas para dar el mejor servicio, no podemos mirar para otro lado. Tendremos que facilitarles el poder recibir esa formación para conseguir que tanto ellos como los clientes estén contentos. Es increíble que a veces uno requiere un conocimiento para su trabajo y, si lo quiere aprender, tenga que hacerlo fuera de su trabajo y por su cuenta. Las empresas deben contemplar estas cosas dentro de sus posibilidades. Para esto se debe evaluar la formación recibida y ver si luego se integra en el desarrollo profesional de cada persona en esa empresa.

Si vuestras personas no están contentas ni satisfechas, al final se acabarán marchando. Si no son trabajadores estratégicos, puede que las empresas no tengan problema en que se vayan, pero si son los que tienen talento, la empresa correrá un peligro innecesario que puede afectarle. Nadie es imprescindible, qué duda cabe, pero siempre es mejor retener a quien funciona. Es por ello que deberemos proveer de las herramientas y opciones necesarias para que cada persona brille y desarrolle su potencial al máximo dentro de nuestra organización.

Las personas que gestionan y dirigen empresas deben disponer de una mente más proactiva, colaborativa, grupal y facilitadora. Tener a nuestras personas contentas es un efecto llamada maravilloso de cara a conseguir llamar la atención del talento.

¿Qué debe proporcionaros una empresa para no querer iros de allí?

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