Siempre he dicho que la geVerano 2013 stión de personas es muy complicada. Es muy fácil criticar a las personas que dirigen a otros porque de espectador todo se ve muy bien. Antes de juzgar a otros, quizás debamos plantearnos como lo haríamos nosotros.

Lo que no se debe olvidar es que, ante todo, los que llevan equipos de personas tienen que ser coherentes y usar el sentido común. Pese a parecer obvio, no todo el mundo lo hace. Hace un tiempo mantenía una conversación con un par de amigos sobre este tema y uno de ellos nos contó el caso que estaba viviendo. Trabaja en una PYME nacional de tamaño medio del sector servicios. En su departamento trabajan 3 personas ocupando un puesto de técnico en el área de marketing. La carga de trabajo de las 3 personas está totalmente descompensada. El tiene un volumen exagerado de tareas y no llega a todo. Mientras sus dos compañeras tienen mucha menor carga, es más, para mitad de mañana ya no tienen nada que hacer. Claramente, su responsable no controla adecuadamente el trabajo del departamento. Debería analizar la situación y ajustar las cargas.

Por su parte, sus dos compañeras se están quejando todo el día del muchísimo trabajo que tienen. Mi amigo opta por llevar a cabo el trabajo en vez de pregonar de la cantidad de trabajo. Como dice él. Hay que ser productivo. Esto le permite dedicar todo el tiempo necesario a cada tarea. Su jefe en vez de agradecer su esfuerzo e involucración, le está constantemente echando en cara errores o una inadecuada finalización de las tareas. Está claro que si las cosas están mal hechas… hay que reprender. De la misma forma, cuando él hace algo bien, el agradecimiento brilla por su ausencia y como “premio” recibe más trabajo. Esto hace que mi amigo esté saturado y sobrecargado. Los desprecios de su jefe están consiguiendo el efecto contrario, es decir, que cada vez pase más y se limite a realizar sus tareas necesarias. A su alrededor, tiene la desmotivación personificada, dos compañeras que hacen mucho menos que él, desempeñando el mismo puesto y cobrando el mismo dinero. Este tipo de comportamientos fomentan la desmotivación y terminan quemando al personal.

Este caso es uno de los muchos que pueden existir similares.

El tema es más grave de lo que parece y es un caso tremendo de mala gestión de personal. Conozco varias organizaciones que agradecen a las personas que más se involucran, producen y proponen con más trabajo. Sin embargo, a las personas poco involucradas, con escasa productividad y poco resolutivas se les ignora, sin amonestarles o llamarles al orden para que cambien. A veces, se producen cambios radicales en la involucración y productividad de personas con un rendimiento excelente. Pasan de ese extremo al esfuerzo mínimo para hacer su trabajo acotado sin atender ni colaborar en nada más que se salga de sus funciones. Permitir que algunas personas de las compañías tengan poco trabajo y pasen parte de su jornada mano sobre mano es una falta de respeto para las personas con amplia carga de funciones. Por supuesto, de esto no tienen  la culpa las personas están sin trabajo y que cobran igual sino de los responsables que son conocedores de esta situación y que permiten que ocurre sin hacer nada.

Se debe tener una planificación de las cargas de trabajo de todas las áreas y equipos de trabajo para poder distribuir con flexibilidad tareas cuando se produzcan desajustes en las cargas de algunos trabajadores. Cuando una persona es muy organizada y productiva pero no llega a todas las tareas encomendadas en su jornada diaria, la culpa no recae en la capacidad de trabajo o productividad sino en tener asignadas más tareas de las que puede acometer en su tiempo de trabajo. A veces el quejarse o manifestar este abuso produce el efecto contrario. Los responsables deben ser profesionales que ajusten y equiparen las cargas de todas las personas de sus equipos.

Otros responsables están volviendo a valorar más las horas de trabajo que se hacen al día cuando realmente se debe analizar y valorar lo que una persona hace en el tiempo que permanece en su puesto de trabajo. De nada nos sirve que una persona esté 10 horas al día presente en su trabajo si realmente solamente hace cosas productivas para su organización durante 3 horas. Porque durante esas 7 horas restantes está generando un coste y gastos. A veces, las personas que hacen sus horas son las que mayor rendimiento obtienen. Después, aquellas personas que hacen más horas productivas deben recibir al menos agradecimiento por sus esfuerzos.

En nuestro país, todavía vemos como a los jefes les cuesta mucho agradecer y reconocer el buen trabajo desempeñado a sus equipos de trabajo. Agradecer sinceramente no cuesta nada y puede producir un efecto de involucración tremendo. Es preferible hacerlo en persona que con una fría carta o email que en más de una ocasión ni siquiera lo ha redactado el remitente.

Debemos ser agradecidos con las personas que nos ayudan, que se involucran, que hacen más de lo que se les indica, que se esfuerzan y que siempre están ahí.

A veces a muchas personas les pesa el orgullo y eso les impide agradecer lo que otros hacen por ellos. Eso sí, cuando uno hace esto no puede criticar cuando se produce a la inversa. No esperemos agradecimiento cuando nosotros somos los primeros que nos olvidamos de esto.

La gestión de personas aun debe mejorar mucho para conseguir que las organizaciones sean sitios agradables donde desempeñar nuestro trabajo.

Cuéntanos tus experiencias negativas y positivas en la gestión de personas en las organizaciones en las que trabajáis.