Cada vez hay más oferta formativa: es positivo que exista esta gran variedad donde elegir de cara a especializarnos o aprender sobre una nueva materia o disciplina.

Sin embargo, la variedad también hace que se deba tener cuidado para saber diferenciar la paja del trigo. Porque lo importantes es hacer un curso o programa que esté orientado de forma eminentemente práctica al campo o sector profesional al que va dirigido.

Sin embargo, mucha de la oferta formativa de nuestro país no va en consonancia a lo que luego precisan las empresas. Muchos centros formativos siguen emperrados con machacar la teoría sin prestar demasiada atención a la practica real de esos conocimientos para consolidarlos, que es lo realmente importante, para que los profundicen los alumnos.

Por ejemplo, en muchos cursos de inglés siguen insistiendo en la gramática, que indudablemente es importante, sin dedicar casi tiempo a la conversación que es la asignatura pendiente de la sociedad española. Las personas que acuden a un curso de esta materia tienen que aprender a defenderse en todos los aspectos de un idioma. A veces, los primeros que no incentivan que los alumnos se suelten son los propios formadores en estas áreas.

Los cursos de idiomas también deberían estar más orientados al ámbito empresarial: así, se deberían tocar temas que harán que los estudiantes de ese curso, adquieran habilidades lingüísticas relacionadas con la empresa. Así, deberían aprender a escribir emails de trabajo, mantener conversaciones telefónicas de empresa, redactar informes… que suele ser donde más se necesitan los idiomas.

También por continuar con los ejemplos hay cursos superiores y másteres de recursos humanos que actualmente, son plenamente teóricos, sin interactuar entre los alumnos y potenciar el aprendizaje práctico, de todo el proceso de la entrevista de trabajo viendo de forma real los distintos tipos de preguntas y entrevistas posibles, de las dinámicas de grupo, de cómo poner en marcha un plan de carrera, como analizar los CV, como negociar y resolver conflictos, etc. Lógicamente está claro que el rodaje lo va a dar la experiencia profesional. Sin embargo, no es lo mismo que una persona sólo sepa la teoría que sino se práctica en breve se olvida, que haya practicado como hacer las cosas. La práctica da recursos, ideas, consolida e incentiva el profundizar a los alumnos sobre esas áreas.

Muchos alumnos recién incorporados a la empresa, tras finalizar un curso, master, postgrado, etc. del área que sea, saben mucha teoría pero no cómo ponerlos en funcionamiento. No saben qué variables tener en cuenta, ni qué hacer. Serán las empresas las que tengan que empezar con muchos de ellos desde cero, para que vayan cogiendo la marcha. Un alumno debería saber poner en marcha las cosas de ese área en la empresa porque en éstas no les van a dan las cosas hechas. Y de la teoría a la práctica hay una diferencia abismal.

Está claro que el hacer que una formación, sea teórica o práctica no depende tanto del temario a impartir que suelen ser muy similares. En lo que más suelen diferir estos es en la profundización en los diferentes temas, en función del tiempo con el que se cuente. Yo soy partidario de ver menos cosas pero en más detalle que muchas áreas y tocarlas por encima que es como no verlas desde mi punto de vista.

El enfoque teórico o práctico de la formación lo van a dar el centro coordinador de la formación y los formadores elegidos. Hay centros que tienen una forma de trabajar e impartir sus acciones dando las pautas al formador sin dejarles espacio para el “toque propio”. Luego hay otros centros que dan plena libertad al formador para dar el temario siempre que abarque todas las áreas del programa previstas para esa acción.

Personalmente, creo que es fundamental dar libertad al formador. Antes de seleccionarlo, sería interesante que los centros organizadores se informen en profundidad qué estilo tiene de dar las materias para poder luego informar a los alumnos si el programa va a ser eminentemente teórico o práctico. Muchos centros “maquillan” sus cursos diciendo que se van a tocar muchas cosas y aplicaciones sin ver luego ni la mitad de las cosas prometidas. Por eso, es necesario solicitar el programa previsto por escrito que contemple de forma detallada los temas a tratar.

De todas formas ¿Qué entendemos por programa eminentemente práctico? La respuesta es bastante subjetiva, pues cada uno tiene un concepto diferente. Todo esto se solucionaría si los centros formadores tuviesen un contacto más directo con las empresas, estableciendo un consenso sobre qué conocimientos necesitarán los alumnos que luego van a ser trabajadores y en función de esto, los centros deberían adaptar sus acciones formativas y preparar a sus formadores para que los alumnos consigan los conocimientos necesarios. Yo entiendo que un programa eminentemente práctico es aquel en el que más del 70% del tiempo se dedica a cómo hacer las cosas, sin prestar tanta atención a qué son las cosas; por supuesto, esta última información se debe de dar a los alumnos pero la labor de estudio de la teoría debe ser una labor individual de cada uno.

Porque muchos centros entienden por programa eminentemente práctico que al final del mismo haya un período de prácticas en una empresa. Personalmente pienso que las prácticas son algo complementario; dependerá mucho en qué empresa “caiga” el alumno para que sea provechosa o no, pues son muchas las organizaciones no les dejan practicar con nada y les tienen muchas veces pasando el rato, llevando a cabo labores meramente administrativas o simplemente haciendo esos trabajos que nadie quiere hacer…

Por supuesto, los alumnos no deben olvidar que tras la finalización de los distintos programas formativos van a tener que seguir trabajando por consolidar esos conocimientos. La formación es una labor continua que se ha comenzado con el curso. El problema es que muchos piensan que comienza y finaliza con el cursillo. Los expertos se hacen con el tiempo a base de trabajar y esforzarse no sólo por hacer un curso o master.

También habrá que tener presente, que los programas formativos, no por ser más caros van a ser los mejores porque aquí estáis las personas muy equivocadas. Calidad no va unidad a veces a coste. Incluso se da el caso, que los profesores de centros subvencionados, son los mismos que los de másteres carísimos, y lo que dan, suele ser lo mismo, aunque “disfrazado”. Hay de todo por supuesto, sin embargo, y antes de tomar una decisión sobre un curso, hay que barajar todas las posibilidades.

Luego no olvidéis que lo importante de un curso no es tanto el centro y número de horas a recibir sino lo que vais a aprender y de qué forma lo vais a hacer esto. Hay quien es victima de una “titulitis gravis”, que supone una acumulación de títulos por que sí, sin valorar la formación.

Por lo tanto, creo que debe producirse una transformación de nuestras formaciones si queremos que las personas que necesitan formación sean competitivas en el mercado y puedan aportar el nivel requerido porque, hoy en día a día, a muchas personas hay que estar constantemente formando sobre lo mismo por una labor formativa deficiente.

¿Qué opináis?